
Estambul es la ciudad perfecta para ir de vacaciones. Sus calles rezuman historia, los monumentos se conservan bien, sus habitantes son afables y abiertos al turismo, la comida es excelente, hay posibilidades de ir a la playa (aunque está un poquito lejos), abre las puertas a una cultura diferente, tiene marcha, goza por épocas de una oferta cultural variada… Y a todo ello se unen unas vistas con más encanto que las de cualquier otro destino de ensueño que se te ocurra.
La antigua capital otomana fue en su día el centro del mundo civilizado y en sus calles ha quedado para siempre cierta dignidad que la hace distinta. No es glamour, sino nobleza. Da igual los días que os quedéis en Estambul. Cuando os marchéis, una vez que la has visto siempre te queda para siempre la nostalgia. Hay tantos países que aspiran a ser un puente entre Oriente y Occidente que, cuando uno lo lee escrito en una guía, tiene la primera tentación de no creérselo. Sin embargo, con doce millones de habitantes (censados), Estambul no es el puente entre Asia y Europa, sino “los puentes”… La ciudad está dividida por el mar en dos partes y por la antigua desembocadura de un río en dos más. Son tres las zonas por las que nos guiaremos: la península histórica y la zona de negocios, del lado europeo; y, del lado asiático, la zona más residencial.