
A las puertas del desierto tunecino, la tribu bereber de los Matmata excavó sus viviendas en la tierra para protegerse de las incursiones extranjeras y, de paso, también del sol abrasador. Este poblado apenas era conocido hasta que el equipo de producción de La guerra de las galaxias decidió hacer de él un escenario de película. A partir de ese momento las calles y casas de Matmata abandonaron para siempre el anonimato. Hoy este paisaje lunar que sedujo al mismísimo George Lucas sigue dejando boquiabierto a quien lo contempla y son muchos los que llegan hasta el poblado de Tataouine con el objetivo de adentrarse en las casas de Anakin y Luke Skywalker. En esta aldea, el hotel Sidi Driss, donde se ubicó la granja en la que Luke viviá con sus tíos, los Lars, sigue recibiendo huéspedes en su laberinto de habitaciones trogloditas.
Los fanáticos de la trilogía de El Señor de los Anillos tienen en las colinas verdes de Matamata, en Nueva Zelanda, la versión a escala de la aldea de los hobbits. El lugar no puede ser más de película, sobre todo, si uno tiene la posibilidad de alojarse en alguna de estas cuevas de lo más originales. Claro que si alguien está empeñado en toparse con uno de estos mágicos seres sólo encontrará por el entorno ovejas pastando, caballos y vacas, que nada saben de cine.
Hasta Tailandia hay que viajar para seguir los pasos de James Bond. En el mar de Andaman, al sur del país, se encuentra la isla de Ko Tapu, el gran atractivo de la bahía de Phang Nga. Esta original formación rocosa de 20 metros de altura, a 150 metros de la costa y rebautizada como la isla de James Bond desde que en 1974 se estrenara El hombre de la pistola de oro, brinda un espectáculo natural único, en medio de un paisaje de acantilados de piedra caliza plagado de cuevas y extraordinarias formaciones rocosas que parecen flotar sobre el mar.
Y de un continente a otro, ahora a África en busca de los idílicos paisajes de Memorias de África, donde la sabana pone el marco a un exquisito drama romántico. El destino es el espacio natural de Ngorongoro, en Tanzania, vecino del Parque Nacional Serengeti, un lugar ideal para ser testigo de los movimientos migratorios de animales, sobre todo búfalos y cebras, que huyen en manada de los predadores dando origen a un espectáculo único en el mundo.
Los puentes cubiertos del condado de Madison, en Iowa, son el sello de la historia de amor de Robert Kincaid y Francesca Johnson, a los que dan vida Clint Eastwood y Meryl Streep en Los puentes de Madison. Una romántica historia como muchas de las que se han rodado en Nueva York. La isla de Manhattan es uno de los lugares más cinematográficos y pasear por sus calles, entrar en sus tiendas o subir a lo más alto de sus rascacielos trae a la memoria el recuerdo de títulos como King Kong, Algo para recordar, Desayuno con diamantes o numerosos filmes de Woody Allen.
Siguiendo el rastro de Don Vito Corleone, el mítico personaje de El Padrino, se llega a Sicilia. Pero que nadie busque los escenarios que aparecen en la gran pantalla en el pueblo de Corleone, de donde es oriundo el protagonista, sino en las localidades de Forza d’Agro –a sólo 10 kilómetros de Taormina- y Savoca –una de los más bellas de la isla-, que ostentan el honor de servir de rodaje a muchas de las escenas de tan legendaria pieza del séptimo arte. Y sin abandonar Italia, otras dos localizaciones cinematográficas imprescindibles: el pueblo abandonado de Graco, en la provincia de Matera, elegido para películas como La Pasión de Cristo, y la villa de Balbianello, una isla del Lago Como, en Milán, lugar de grabación de El ataque de los clones, segunda parte de La guerra de las galaxias. Y, por supuesto, las calles de Roma, donde todos esperan encontrarse con Audrey Hepburn y Gregory Peck subidos a una Vespa o a Anita Ekberg, protagonista de La dolce vita, zambullirse en la Fontana de Trevi en una de las escenas más famosas del cine italiano.
Y si quieres seguir recorriendo el mundo y pensando en tus próximos viajes de cine, aquí tienes más sugerencias:
A 15 kilómetros de Edimburgo, la capilla Rosslyn, escenario de El Código da Vinci; el castillo de Drácula, en Transilvania, Rumanía; el famoso templo de Petra, en Jordania, donde se rodó Indiana Jones y la última cruzada; las Torres Petronas de Kuala Lumpur, lugar de rodaje de La Trampa, protagonizada por el encantador Sean Connery y una Catherine Zeta-Jones más que deslumbrante; la Catedral de Notre Dame, marco de El jorobado de Notre Dame; la mansión de la familia Von Trapp en Salzburgo, en Sonrisas y lágrimas; la ciudad de Durango, en México, lugar de rodaje de numerosas cintas del Oeste, entre ellas, Los Siete Magníficos. Y en España, el Palacio de los Hornillos, en el municipio cántabro de Arenas de Iruña, donde tras la espesa neblina uno espera toparse con Nicole Kidman, en una escena de Los Otros.
